Una nueva mirada después de leer el texto “La aventura de ser maestro” de José M. Esteve
La lectura me transportó a mi primera sesión de clase, la cual relato: Recuerdo llegué al aula, coloqué mis materiales de trabajo e inicié mi participación presentándome ante los alumnos, nunca me acordé que debí solicitar a ellos también su presentación, enseguida continué a trabajar el tema a tratar casi absorbido de las fuentes bibliográficas investigadas, con temblor en las piernas y voz, no dí espacio a que me interrogaran para disipar dudas, actué como transmisor únicamente, como los alumnos eran en gran parte con mayor edad que yo eso me inquietaba e incomodaba; ante esto último, una compañera maestra me había sugerido hacer caso omiso a lo que ellos pudieran decir, transcurrían los minutos y yo mirando el reloj a cada instante, por fin sonó el timbre para cambio de maestro y por ese momento se terminó mi angustia, me sentí tranquila ante lo experimentado.
Ante los años 21 años en la acción de la práctica docente, me he dado cuenta que la formación en esta profesión te la da el ejercicio de la misma, orientada por el deseo nuestro de superación para los jóvenes, en los cuales estamos interviniendo en su formación. Como señala José M. Esteve “nadie nos enseña a ser profesores ya que nosotros mismos lo aprendemos por ensayo y error”. ¿Esto será el ser docente?
Al continuar la lectura no tan solo el autor me sitúa en el presente basada en mis experiencias, sino que me invita a trascender en mi práctica brindando apoyo a los alumnos para comprenderse a sí mismos y a entender el mundo que les rodea, invirtiendo el conocimiento humano, por el valor humano del conocimiento, y de esta forma hacer pensar y sentir conjugándose. ¿Esto será el hacer docente?
Coincido plenamente con el autor respecto a que en la formación docente o bien a través de los cursos de capacitación, se nos indica el deber ser, pero en raras ocasiones se nos brinda el como hacer docente, lo que me queda como expectativa que si en esta especialidad, lograremos sortear los problemas expuestos por el autor como son: poder elaborar nuestra propia identidad profesional, dominar las técnicas básicas de comunicación e interacción, dominar los contenidos de asignaturas y/o módulos profesionales que nos correspondan y por último, poder adaptar los contenidos al nivel de conocimiento de los alumnos. Tal ves las respuestas resulten fáciles “sí”, pero el cuestionamiento es ¿cómo?
La lectura me transportó a mi primera sesión de clase, la cual relato: Recuerdo llegué al aula, coloqué mis materiales de trabajo e inicié mi participación presentándome ante los alumnos, nunca me acordé que debí solicitar a ellos también su presentación, enseguida continué a trabajar el tema a tratar casi absorbido de las fuentes bibliográficas investigadas, con temblor en las piernas y voz, no dí espacio a que me interrogaran para disipar dudas, actué como transmisor únicamente, como los alumnos eran en gran parte con mayor edad que yo eso me inquietaba e incomodaba; ante esto último, una compañera maestra me había sugerido hacer caso omiso a lo que ellos pudieran decir, transcurrían los minutos y yo mirando el reloj a cada instante, por fin sonó el timbre para cambio de maestro y por ese momento se terminó mi angustia, me sentí tranquila ante lo experimentado.
Ante los años 21 años en la acción de la práctica docente, me he dado cuenta que la formación en esta profesión te la da el ejercicio de la misma, orientada por el deseo nuestro de superación para los jóvenes, en los cuales estamos interviniendo en su formación. Como señala José M. Esteve “nadie nos enseña a ser profesores ya que nosotros mismos lo aprendemos por ensayo y error”. ¿Esto será el ser docente?
Al continuar la lectura no tan solo el autor me sitúa en el presente basada en mis experiencias, sino que me invita a trascender en mi práctica brindando apoyo a los alumnos para comprenderse a sí mismos y a entender el mundo que les rodea, invirtiendo el conocimiento humano, por el valor humano del conocimiento, y de esta forma hacer pensar y sentir conjugándose. ¿Esto será el hacer docente?
Coincido plenamente con el autor respecto a que en la formación docente o bien a través de los cursos de capacitación, se nos indica el deber ser, pero en raras ocasiones se nos brinda el como hacer docente, lo que me queda como expectativa que si en esta especialidad, lograremos sortear los problemas expuestos por el autor como son: poder elaborar nuestra propia identidad profesional, dominar las técnicas básicas de comunicación e interacción, dominar los contenidos de asignaturas y/o módulos profesionales que nos correspondan y por último, poder adaptar los contenidos al nivel de conocimiento de los alumnos. Tal ves las respuestas resulten fáciles “sí”, pero el cuestionamiento es ¿cómo?

Hola Laura, efectivamente son buenas preguntas que nos llevan a la relfexión y te comparta el proceso formativo de los docentes tiene que ir acompañado de una ética profesional y una ética pedagógica, en donde creo que no podemos dejarlo todo al ensayo y error, ya que considerando las distintas estrategias didácticas podemos realiazar mejor nuestra labor docente.
ResponderEliminarBueno es una apreciación.
Saludos. Atte. Heriberto
Hola Laura, me gustó tu opinion, son las dudas que yo también he tenido siempre, se nos han dado las herramientas, cursos, sugerencias, pero siempre queda un poco de lo que uno tiene que hacer en determinadas circunstancias, ya que no existe una receta de cocina para ser docente, nos queda mucho por andar y sobre todo para ser libros abiertos al conocimiento.
ResponderEliminarGracias por compartir tus ideas.
José Luis Ruiz
Hola Laura, en tu último párrafo, subrayas que parte primordial de nuestro crecimiento como docente lo juega la capacitación que recibimos, reuniones de academias, dominar contenidos, modular la voz, etc. Sin embargo, olvidas mencionar y me gustaría, ponerlo en negritas, cursivas y letra Arial 72: ACTITUD
ResponderEliminarFrancisco Javier Romero Ramírez